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El Pozo Tremeo

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El pozo Tremeo es el único lago de formación natural de la costa de Cantabria. Vamos, que hay otros, pero de naturales, como la vida misma, no tienen nada… Eso no quiere decir que no tengan valor paisajístico y natural, ya que muchas veces son preciosos, y además sirven como puntos de anidamiento de aves acuáticas, pero lo que es indudable es que han alterado las condiciones naturales de su entorno. El Pozón de la Dolores, o los Pozos de Valcaba, originados  por la actividad minera, son dos de los más conocidos.

Acceso pozo Tremeo

El pozo Tremeo se formó por un colapso o hundimiento del terreno kárstico en el que está enclavado. El nombre Tremeo, parece que deriva del latín tremere, que quiere decir “tierra movediza”. La clásica tierra que se tragaba en las películas a los enemigos de Tarzán, pero que aquí se limita a un entorno embarrado y pegajoso, que como mucho nos puede dejar clavada la katiuska en el fango.

En 2016 fue declarado Área Natural de Especial Interés (ANEI), por lo que está protegido, y en su regazo nace el arroyo Salín.

Bueno, el caso es que nos fuimos al pozo Tremeo, que es un laguito de esos de andar por casa. Para mi que está a medio camino entre pozo y lago, pero prefiero que seáis vosotros mismos quien lo determinéis después de visitarlo.

Para llegar al pozo, lo mejor es dirigirse hasta Polanco, a cuyo municipio pertenece, y de ahí hasta Rumoroso, el pueblo en el que está enclavado.

Al pozo se accede por una carretera que parte desde el centro del pueblo, y que termina en las inmediaciones del mismo lago. Apenas unos 500 m. de asfalto separan el centro del pueblo de las orillas.

Nada más llegar nos encontramos con un cartel informativo, del que parte un caminito de madera, que termina en un embarcadero al que me da la impresión que nunca se arrimará nave alguna. El lago tiene 75 m. de largo, por 60 de ancho, y unos 11 metros de profundidad. Esto último me lo tenéis que creer a pies juntillas, ya que no os aconsejo lanzaros al agua a comprobarlo.

De las mismas orillas del lago, nace un bosque que trepa por la ladera del monte Valmoreda, que es por donde discurre la pista que recorremos durante nuestra excursión.

La pista está perfectamente indicada. Hay que pasar el embarcadero y adentrarse en el bosque por un pequeño sendero, que al poco tiempo llega a una bifurcación que indica dos direcciones, que corresponden a los dos sentidos de un camino circular.

El paseo es bastante corto, de una media hora escasa, yendo a buen ritmo, y no tienen dificultad alguna, excepto la que nos puede originar el excesivo barro después de una buen chaparrón.

Nosotros, en la bifurcación, escogimos ir hacía la izquierda, ya que era la dirección que seguía bordeando las orillas del lago. Al poco tiempo te encuentras con una pequeña ensenada, que está muy bien para hacer un pic-nic. De la ensenada parten unas escaleras de madera, que conducen a una pista más ancha, por la que discurre el camino. No vais a tener ningún problema de orientación, ya que en todo momento hay postes indicadores.

El pozo alberga una increíble diversidad, tanto de plantas como de animales. Están identificadas más de 200 especies de plantas y 170 de fauna, que no es poco. Lo único que desentona un poco es el sempiterno eucalipto. Hay cañaverales, orquídeas, helechos de pantano, ranas de San Antonio, tritones, martines pescadores y un montón de otras especies, que hacen de este rincón de Cantabria, un prodigio de biodiversidad. Una razón más para cuidarlo y respetarlo.

Por último os contaré que además de animales y plantas, el pozo cuenta con algunas leyendas y  curiosas costumbres.

Antiguamente, los habitantes de Rumoroso creían que el pozo permitía predecir el clima. Lanzaban al pozo un trozo de tierra envuelta en maleza, para que flotara, y esperaban a ver la dirección que tomaba; si iba hacía la parte nordeste del lago, se avecinaba buen tiempo, si iba en dirección contraria, tendrían lluvia.

Otra de las creencias, es que si te bañas en sus aguas, se te concede un deseo, que casi siempre suele coincidir con un buen resfriado. Una de cal y otra de mocos. También se cuenta que en el fondo yacen los cuerpos de dos jóvenes amantes que cayeron desde un roble que se inclina sobre sus aguas. Así que cuidadín, que no quiero que les vayáis a hacer compañía.

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