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El churrón de Borleña

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Un churrón… vamos que algunos os estaréis preguntando que significa semejante “palabro”. Pues nada más y nada menos que un chorro grande, para que nos entendamos, una cascada. Y hacía ahí nos dirigimos hoy, hacía una cascada, de la que muchos habréis oído hablar; El Churrón de Borleña.

Entrada al churrón de Borleña desde la nacional

La excursión al churrón es sencilla, prácticamente familiar, sin ninguna complicación, y además es preciosa. Si todo esto no fuera suficiente aliciente, la zona en la que se inicia la ruta está justo al lado de la carretera Nacional 623, por lo que llegar está chupado. Vamos, que no llegaréis de churro.

Entre ida y vuelta se invierten algo más de dos horas, que es lo que se necesita para hacer los 7 km. de recorrido, a un paso moderado; arrastrando niños, mochila con la merienda y despistando al cuñado intenso que se empeña en saber todos los nombres de los árboles, matorrales, musgos y ambientados usados que encuentra por el camino.

Si llegáis desde el norte por la N-623, solo tenéis que girar a la izquierda, internaros en el pueblo, pasar un pequeño puente y llegar hasta una bolera, desde la que se inicia la pista, y donde podéis aparcar el coche.

 

Al poco tiempo encontráis un bonito puente de madera que salvando el arroyo de La Llana, nos sumerge en un precioso bosque de fresnos, alisios robles, castaños, avellanos, y otras muchas especies que sería largo enumerar.

A poco de comenzar, pasamos junto a un hoyo de grandes dimensiones, que indica que ahí había una carbonera. Supongo que en el hoyo se apilaba la leña, que luego se cubría con tierras, para producir carbón vegetal.

Está muy bien señalizado, por lo que no veis a tener problema alguno para realizar el recorrido. El sendero es sencillo, lo que pasa es que en época de lluvias mejor llevar unas buenas botas, para evitar hundiros en el barro, o en la boñiga de una vaca, que esas están presentes en todas las épocas.

Al final del sendero nos encontramos con el churrón, una espectacular cascada de 20 metros de altura. La pared de la cascada está formada por las concreciones de toba calcárea que arrastra el agua del arroyo, y que se acumulan durante su recorrido por el desnivel del paredón.

A la derecha del sendero, se puede ascender hasta un pequeño mirador.

Ya solo os queda volver por el mismo camino, recoger a los moribundos en mala forma física, que hayáis dejado por el camino, y comenzar a pensar en la siguiente excursión.

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