Es posible que los que son casi tan viejos como yo, recuerden el desaparecido Sanatorio del doctor Madrazo de Santander. El sanatorio estaba situado en la calle Santa Lucía, y desapareció cuando se construyó la clínica Mompía, que le vino a suceder como centro médico privado de referencia de la región. Fue una pena que la piqueta acabara con uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, pero como eso ya es agua pasada, vamos a ocuparnos de la que ahora mueve nuestro molino.

Sanatorio de Santander

Y es que el Doctor Madrazo, fundador de la institución, y una de las figuras más sobresalientes que ha dado Cantabria a la medicina, fundó antes del que estaba en Santander, otro sanatorio en Vega de Pas. Y es de ese del que hoy vamos a hablar. Aún se mantiene en pie, aunque a duras penas, y es el que va a mover el agua que alimenta la rueda de nuestra historia. Pero permitidme que antes de hablaros del sanatorio de Vega de Pas, os cuente algo más de nuestro querido doctor, cuya vida da para una serie de Netflix… como poco.

Enrique Diego-Madrazo y Azcona, nació en 1850 en la Vega de Pas.

Después de licenciarse en medicina por la universidad de Valladolid, amplió sus estudios en París, donde fue alumno del investigador Claude Bernard, y en Alemania, en la que coincidió con el profesor Wolkmann, introductor de la asepsia y la antisepsia en las prácticas quirúrgicas.

De ideas liberales, y un avanzado concepto de la medicina, chocó de forma reiterada con los responsables políticos y administrativos de España. El ambiente político y científico de nuestro país no aceptaba sus ideas progresistas, resistiéndose a aceptar los métodos que el doctor quería introducir en nuestra tierra, y que tan buenos resultados estaban dando en muchas otros países de Europa. Pero esta disensión resultó una bendición para nuestra región. Su renuncia a la cátedra de Patología Quirúrgica en Barcelona, hizo que el doctor volviera los ojos hacía su tierruca, iniciando una de los proyectos médicos más avanzados de nuestro país.

En 1894 funda en la Vega de Pas, entonces un lugar remoto y apartado de la región, un sanatorio de 20 camas,

Gracias a sus novedosos métodos y sus excelentes instalaciones, fue una referencia en toda Europa. Según los datos que me han llegado, en 7 meses realizaron 256 operaciones quirúrgicas, con tan solo 4 personas fallecidas.

El Sanatorio del doctor Madrazo de Santander, del que hablaba más arriba, se construyó dos años después, y fue el primer hospital privado de la ciudad. Las instalaciones era mucho mayores, con capacidad para 120 pacientes, y estaban mejor comunicadas. Supongo que la supervivencia de la institución pasaba por un traslado forzoso. Mantener el sanatorio en Vega de Pas era muy complicado, dadas las enrevesadas vías de acceso que un lugar tan aislado tenía con el resto de la geografía nacional.

Pero no dejó completamente de lado a la población pasiega, ya que en 1910, aprovechando parte de las instalaciones del sanatorio, fundó las Escuelas Públicas y Laicas.

Al igual que sucedió con el sanatorio, las escuelas fueron una institución muy avanzada con respecto a los colegios que había entonces en España.

Contaban con laboratorios, talleres, gimnasios, piscina y salón de música. Pero la diferencia más notable con respecto a otras instituciones, era su sistema educativo, en el que primaba el aprendizaje participativo y progresivo, la libertad, la solidaridad y la convivencia.

Escuelas Públicas y Laicas de Vega de Pas

El sanatorio del doctor Madrazo, de Vega de Pas, o lo que que queda de él, ha sobrevivido hasta nuestros días.

Supongo que la presión de la especulación urbanística, ha sido mucho menor que en la capital, y eso le ha librado de pasar por la piqueta.

Monumento al doctor a la entrada de la finca, en Vega de Pas

Estuve recorriendo el Sanatorio del doctor Madrazo hace poco, de la mano de uno de sus actuales propietarios. Lo adquirió para iniciar un proyecto turístico, que se truncó cuando la pandemia del COVID echó por tierra tantos sueños por todo el país.

El Sanatorio del doctor Madrazo se encuentra enclavado dentro de una gran finca.

Consta de un grupo de construcciones, en bastante mal estado, en el que destaca el sanatorio, que es un gran edificio de doble planta. La primera planta era en la que se ubicaban las consultas y los servicios generales, mientras que la segunda estaba dedicada a los quirófanos, las habitaciones, y a una casa de curas. El inmueble tiene grandes ventanales, y originalmente sus muros estaban decorados con frescos representando motivos inspirados en la naturaleza.

El doctor Madrazo y los Sobaos

Entre sus múltiples logros, al doctor Madrazo se le atribuye la creación del moderno sobao pasiego, ese con el que nos pegamos atracones hoy en día. Según parece, hasta entonces, los sobaos se hacían con miga de pan. Eran algo más bastos y pesados que ahora. El doctor le dijo a Eusebia, la cocinera del sanatorio, que hiciera un postre que fuera nutritivo, capaz de resucitar, no a un muerto, pero si a un recién operado…

  • Eusebia, necesitamos un buen postre, algo sano y nutritivo; no sé, un bollo parecido a esas sobadas que hacía con pan tu difunta madre, pero más ligeras…

Dicho y hecho, nació el moderno sobao.
Hoy en día es el que más se hace, pero entre las elaboraciones se distinguen tres; primitivo, antiguo y moderno. El primitivo era a base de pan, mantequilla y azúcar. El antiguo añadía la ralladura de limón, los huevos y unas gotas de ron o anís. En el año 1896, la cocinera del doctor Madrazo, sustituyó el pan duro por harina, naciendo el sobao moderno.

Recorriendo la finca, observamos los restos de otros edificios, como son la residencia que servía de vivienda, una casa de labranza, y un depósito de agua potable. Cerca de este último, aún se pueden ver los vestigios de la canalización que traía el agua desde el cercano monte Pirria.

Me gustaría destacar que aunque las ruinas son accesibles desde el pueblo, y los ganaderos utilizan sus praderas para apacentar el ganado, es una finca privada. Por lo tanto, su acceso está restringido, además de que puede ser peligroso moverse entre los restos de los edificios.

Tanto en Vega de Pas como en Santander, el doctor Madrazo se rodeó de un exquisito grupo de intelectuales y profesionales, como eran Pérez Galdós, Unamuno, Amós de Escalante, José María de Pereda, Rosario de Acuña, Matilde de la Torre o Emilia Pardo Bazán.

Miguel de Unamuno y el Doctor Madrazo
Tertulias del Hotel Bilbao, 1932. Jesús Bilbao, José del Río Sainz ‘Pick’, Bernardo Velarde, Miguel de Unamuno, el doctor Madrazo y José María de Cossío. Fuente: El Diario Montañés.

Su vida acabó trágicamente.

Al entrar los nacionales en Santander, durante el transcurso de la guerra civil, y a pesar de su avanzada edad, fue encarcelado en la Prisión Central de la ciudad. Languideció en la cárcel durante cuatro largos años, saliendo ya con 92, muy enfermo y prácticamente ciego. Falleció un año después.

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