Ruta de los menhires en Valdeolea

¿Obelix en Cantabria?

Si os pregunto cual fue la primera vez que oísteis hablar de menhires, seguro que muchos responderéis ¡En los cómics de Asterix y Obelix! A mi me pasa lo mismo. Cada vez que veo un menhir, me lo imagino incrustado en la tierra, con los brazos y las patas de un legionario romano asomando desde abajo, después de que Obelix le hubiera atizado un buen porrazo.

Quizás por eso, está ruta que os propongo por Valdeolea, puede hacer las delicias de los seguidores de Uderzo y Coscinny.

Valdeolea es un municipio interesantísimo, del que espero hablaros en más ocasiones. Es una Cantabria atípica, en transición hacia la planicie castellana, con señas de identidad propias, y una riqueza histórica inagotable. En ocasiones, cuando hemos paseado por sus campos en plena primavera, la hemos llamado “La Toscana española”.

Entre los muchos vestigios históricos, nos encontramos con la mayor concentración de menhires de toda la región; nada más y nada menos que 8, de los 13 que hay localizados en Cantabria.

¿Para que eran los menhires? ¿Cuál era su finalidad?

En lo que casi todos los estudiosos coinciden, es en que eran monumentos funerarios, o de culto al sol.

En lo que no se acaban de poner de acuerdo, es en la finalidad que tenían dentro de esos ritos funerarios o de adoración, y los motivos de su alineamiento y disposición.

Los menhires de Valdeolea tiene algunas particularidades muy singulares. Hay contacto visual entre casi todos ellos, siguiendo una línea recta sureste-noroeste, que coincide con el desplazamiento del sol durante el solsticio de verano.

 Datan de hace unos 5.000 años, del periodo neolítico, y son muy diversos en cuanto a su tamaño y forma. Una de las principales coincidencias entre todos ellos, es que las piedras proceden de lugares bastante alejados de su actual emplazamiento, por lo que tuvieron que trasladarlos hasta ahí a golpe de músculo. Imaginaros el esfuerzo que debieron de hacer los hombres del neolítico, con las técnicas tan primitivas que había entonces, y relacionarlo con la importancia que los menhires debían de tener para ellos.

El de mayor tamaño es “El Cabezudo”, que con sus 4,85 metros y unas 5 toneladas de peso, es uno de los más grandes de España.

La lista se completa con nombres tan variopintos como El Cañón, El Peñuco, La Llaneda, La Puentecilla, La Matorra, y Peñahincada. Algunos tienen grabadas cruces, que les hicieron durante la época cristiana, con el fin de “blanquearlos” ya que estaban asociados al paganismo. El de “La Puentecilla” tiene un extraño grabado, que no tiene porqué ser de la misma fecha en la que se realizó el menhir, y que los expertos identifican como un carro.

Tanto en Valdeolea como en muchos otros territorios, los menhires sirvieron con posterioridad, como hitos que establecían demarcaciones territoriales. Es el caso de “El Cañón” en Mataporquera, y El Cabezudo, en Las Quintanillas. Desgraciadamente, en ciertas ocasiones, y con este fin, se movían de su emplazamiento original, por lo que algunos están fuera de su entorno y contexto. En la misma Valdeolea hay dos menhires que se utilizaron como lajas de puentes para cruzar arroyos. No se sabe si eran dos piedras aisladas, o parte de algún dolmen desmontado y reutilizado. El colmo de la depredación, y de desprecio o ignorancia de su valor, es el caso de “La Puentecilla”, que se fracturó para obtener sillares de arenisca.

Los menhires se pueden conocer siguiendo el sendero PR-S 61, que partiendo de Mataporquera, y a través de una ruta de 12 km. conecta estos gigantes de piedra. También los podemos visitar en vehículo, ya que la mayoría de ellos están relativamente cerca de un camino o carretera. Yo aconsejo el paseo, que además de ayudarnos a combatir el colesterol, nos permite disfrutar de un paisaje delicioso.

La excursión a Valdeolea se puede complementar con otras visitas muy interesantes, como la del yacimiento romano de Camesa-Rebolledo, la del castro cántabro de Monte Ornedo, o las excelentes pinturas murales de la Iglesia de Santa Eulalia, que ya trataré en otro artículo.

Como curiosidad, y para enlazar con el principio del artículo, os contaré que lo de Obelix es un anacronismo. Cuando nuestros admirados galos se pasaban el día liándose a tortazos contra las legiones  romanas, hacía ya miles de años que no se fabricaban menhires. Pero para eso son los cómics, para soñar con imposibles.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *