Te mueves más que Velarde

Es posible que los santanderinos que me estén leyendo hayan oído alguna vez la curiosa expresión “te mueves más que Velarde”. Ahora os cuento de dónde viene ese dicho, y algunas otras peculiaridades relacionadas con el monumento al héroe del dos de Mayo, que hay en el Paseo de Pereda de Santander.

 En primer lugar, para ponernos en situación, me gustaría hacer un rápido bosquejo de la vida de Velarde, y las circunstancias que le convirtieron en héroe nacional.

Pedro Velarde y Santillán, que así se llamaba nuestro protagonista, nació en Muriedas, en 1779. Su familia pertenecía, como indica su apellido, al antiguo linaje de los Velarde.

“Defensa del Parque de Artillería de Monteleón” de Joaquín Sorolla

A muy temprana edad ingresó en el Real Colegio de Artillería de Segovia, arma en la que desarrolló una brillante carrera militar. El 2 de mayo de 1808, durante el inicio de la ocupación de España por la tropas de Napoleón, Velarde estaba destinado como Secretario de la Junta Superior Económica del Cuerpo de Artillería, en el Estado Mayor de Madrid, con el grado de capitán. Fue uno de los pocos miembros del ejército que se sumó al alzamiento popular, junto al capitán de infantería Luis Daoíz y Torres. Ambos militares, junto a muchos otros madrileños, murieron luchando contra las tropas de Murat, lo que les elevó al Olimpo de los héroes nacionales.

Y como ocurre con una gran parte de los héroes patrios, se le erigió un monumento. O puede que más, pero yo me voy a centrar en el que nos atañe, que es el de Santander.

Inauguración del monumento en 1880

El monumento se inauguró el 2 de mayo de 1880, en gran parte gracias a la insistencia de Don José María de Pereda, que se dejó las pestañas hasta conseguir que el proyecto saliera adelante. 

La obra original fue diseñada y comenzada por el escultor José Piquert y Duart, y rematada quince años después por Elías Martín, ya que Piquert falleció al poco tiempo de comenzar el trabajo. Muestra a Pedro Velarde en plena acción, defendiendo Madrid de la soldadesca napoleónica, sable en ristre, con una mano en lo alto, como si desafiara a los gabachos, junto a un cañón, representando el que pudo ser uno de los últimos actos de su vida. Una vida agitada, apasionante, que dado los vaivenes de sus traslados, no finalizó ni aún muerto. El pedestal tiene dos relieves y otras dos inscripciones en cada una de sus caras. Un relieve representa a España con forma de mujer, coronada con una tiara en forma de castillo, mientras que la otra representa la fama, la inmortalidad alcanzada por Velarde por medio de su gesta.

Su emplazamiento original fue la plaza de la Dársena. Está plaza, con sus consiguientes remodelaciones y variaciones de tamaño, correspondía aproximadamente a una parte de la plaza de Las Farolas y otra parte de la Plaza Porticada. Los santanderinos también la denominaban, en honor al protagonista de nuestra historia, Plaza de Velarde. Un nombre que acabaría siendo el oficial, aunque en Santander todo el mundo la llame Plaza Porticada.

Plaza de la Dársena en 1912, con Velarde resistiéndose aún al traslado.

Y ahí comenzó la trashumancia de nuestro estimado héroe, y  la segunda leyenda que se forjó a su alrededor, la de estatua de culo inquieto, con todos mis respetos.

En 1915 se comenzó a construir el actual edificio de Correos, y a remodelar la plaza que lo iba a flanquear. La figura de Velarde se trasladó a la Plaza de la Libertad, que era como en ese momento se llamaba la actual de Pombo. Ahí, y puede como desagravio por haberle quitado su solar, la pusieron un pedestal más grande, ande o no ande.

Y llega en 1941 el incendio de Santander, que aunque no afectó a la zona donde Velarde creía haber encontrado su morada definitiva, si llegó hasta su antigua plaza, que tuvo que ser reconstruida. La efigie fue parte del ajuar de la remodelada explanada, y he aquí que nos encontramos con un nuevo traslado.

La plaza Porticada, o de Velarde, en pleno furor constructivo, con la estatua enmedio.

Poco le duró el nuevo emplazamiento, ya que en 1954 se instala el primitivo teatro que daba acogida al Festival Internacional de Santander. Como algunos recordarán, el teatro era de quita y pon, pero la estatua tuvo la desgracia de estar justo en mitad del escenario, por lo que Velarde  se trasladó, con su complejo de vecino no deseado, a la aledaña plaza de Las Farolas.

La plaza de Las Farolas, justo antes de que se construyera en aparcamiento subterráneo.

Pero como Velarde ya le había cogido el gusto a deambular de una lado a otro de la ciudad, en 1978 se mudó de nuevo. La culpa esta vez, aparte de su incuestionable espíritu nómada, la tuvieron las obras del aparcamiento subterráneo de la plaza en la que se había instalado. Lo mantuvieron en la reserva mientras se efectuaban las obras, para luego instalarlo de nuevo en la plaza, pero en lugar de en el centro, en el extremo norte. Velarde iba perdiendo influencia.

En 2002 se produjo, en el aparcamiento subterráneo de la plaza, un atentado de la banda terrorista ETA. La explosión ocasionó un enorme cráter de más de 10 metros de diámetro, en el suelo de la segunda planta. La planta completa se desplomó sobre la tercera, lo que dejó la infraestructura devastada. Por suerte no hubo víctimas humanas, pues los terroristas avisaron con antelación, pero si broncíneas, ya que el pobre Velarde tuvo que ser de nuevo trasladado para acometer las obras de reforma del aparcamiento. Pero la estatua ya no quería grandes cambios, le había tomado cariño al entorno. Como tenía el corazón partido entre ambas plazas, se la ubicó en su actual emplazamiento, junto al Paseo de Pereda, que curiosamente fue el principal impulsor del monumento.

Esperemos que nuestro héroe pueda descansar en el nuevo emplazamiento durante muchos años, aunque no sé porqué, me da la impresión de que le va la marcha. 

Como curiosidad os añadiré que en todas las ubicaciones en las que ha estado, siempre se ha respetado que la figura de Velarde esté mirando hacia Francia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.