El Lazareto de Abaño es uno más de los incontables edificios históricos que se está viniendo abajo, sin que nadie, ni particulares ni instituciones, hagan mucho para remediarlo.

A la desidia general, se une la actuación de los gamberros y desaprensivos de turno, que cada cierto tiempo dejan pintadas o huellas de su actuación, en un edificio único en Cantabria… y me atrevería a decir que en el mundo.

Vista completa del lazareto, desde la carretera que llega de La Acebosa. a la izquierda la capilla.

El lazareto se denominaba originalmente “Casa de la Orden de Lacerados Malatos de San Lázaro de Abaño”.  Pero si os parece bien, y por razones prácticas, le seguiremos llamando simplemente el “Lazareto de Abaño”.

Sus orígenes se remontan al siglo XIII

Un lazareto es un edificio, o conjunto de edificios, generalmente aislados, en los que se trataban enfermedades infecciosas. Antiguamente eran muy comunes, ya que no existían las modernas técnicas de aislamiento. El Lazareto de Abaño estaba dedicado a asistir a los enfermos de lepra. Era por tanto una leprosería. Los enfermos estaban atendidos por beatas, a las que dirigía un mayordomo. Antiguamente se pensaba que la lepra era una enfermedad muy contagiosa, algo que las modernas investigaciones han desmentido.

Sus orígenes se remontan al siglo XIII, aunque anteriormente parece ser que ya había asentada en el lugar una congregación religiosa. Las tierras y edificios originales habían sido cedidos por una pareja de ricos hacendados; D. Pedro Juanes y Doña Yllana. Los diversos concejos de la zona, añadieron en 1.232 otra importante donación de tierras y bienes para que se levantara la leprosería, que trataría a los enfermos de la zona.

De leprosería pasó a fábrica de quesos artesanales.

El lazareto funcionó de forma ininterrumpida hasta 1.828, año en el que se produjo la disolución de la orden. En 1845 el ayuntamiento de San Vicente, que era el propietario de las instalaciones, las vendió con el fin de recaudar dinero para la construcción de la primera escuela pública del municipio. Al menos el dinero valió para una buena causa.

De leprosería pasó a fábrica de quesos artesanales. Espero que la limpiaran convenientemente antes de comenzar a producir los quesos.

El estado actual, como decía más arriba, es de completa y absoluta ruina. Queda en pie el edificio del lazareto, y una capilla adosada, dedicada a San Lázaro, que es la auténtica joya del conjunto.

La capilla es de una sola nave, con el ábside cuadrado y bóveda de crucería, por lo que se considera una de las primeras manifestaciones del gótico en Cantabria. Pero si esta circunstancia es ya de por si excepcional, más excepcionales aún son las pinturas, de tipo simbólico y figurativo, que adornan sus paredes.

Las pinturas están ejecutadas a trazos simples, con pintura roja aplicada directamente sobre la cal de las paredes. Hay un friso ajedrezado, rosetones, una cruz pintada sobre el altar y dos grandes barcos.

Los barcos son lo más interesante y valioso de este conjunto pictórico.

Además de su valor artístico, son únicas en el Patrimonio de Cantabria, ya que no se conocen muchas pinturas de esa época de tipo civil. Además representan detalladamente dos embarcaciones del modelo que al final de la Edad Media surcaban las aguas del Cantábrico, con sus arboladuras, sus aparejos y otros detalles de inestimable valor documental. Ambas naves están superpuestas y son obra de diferentes artistas, con diferente ejecución técnica. El más grande mide 2,50 metros y el pequeño 1,20 m. Se considera que fueron pintados entre los años 1450 y 1530.

Los dos barcos superpuestos.

Los alrededores del lazareto están invadidos por la maleza. Los vándalos han robado las dovelas de la puerta gótica, una ventana monolítica de piedra y la pila de agua bendita.

Como dato curioso añadiré, que en el lazareto había dos imágenes religiosas. La de María Magdalena pasó a ser la patrona del cercano pueblo de La Acebosa, mientras que la de San Lázaro se convirtió en patrón de la iglesia de Abaño.

Solo me queda añadir que desaconsejo la visita, dado que su estado de abandono puede hacerla peligrosa. De todas maneras, si consideráis los riesgos y decidís seguir adelante, os pediría el máximo respeto. Es importante no tocar las pinturas, y no hacer fotos con flash, ya que la luz excesiva daña los pigmentos.

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