Portada faro de ajo

El Faro de Ajo… ¿y de Okuda?

Han corrido ríos de tinta sobre el faro de Ajo, y la decoración que ha hecho el artista Okuda San Miguel. Como no es mi intención, ni la intención de Cantabria Inusual, meterse en polémicas, me limitaré a hablar de los datos objetivos. Sin más. Como tiene que ser.

El faro de Ajo, el más septentrional de Cantabria, es el último de los faros erigidos en la región.

La idea inicial de su construcción data de 1907, pero no se terminó hasta el año 1930. Vamos, que se hizo esperar. El ayuntamiento lo venía demandando desde hacía tiempo, dado que en la zona se habían producido numerosos naufragios. El proyecto original era mucho más ambicioso, con una altura de 18 m., y una vivienda de dos plantas que albergaría a 6 fareros. La electrificación del faro de Cabo Mayor, en 1914, dejó apartado el proyecto, ya que se estimaba que la potencia del faro santanderino hacía innecesaria la construcción del de Ajo.

Casi 23 años amagando.

Pero el ayuntamiento de Bareyo siguió insistiendo, en sus trece, y un hecho desgraciado, el naufragio de 3 barcos en muy poco espacio de tiempo, acabó por inclinar la balanza. El proyecto final, mucho más modesto que el inicial, se aprobó en 1921, comenzándose a construir en 1928. Vamos, que asemejó un serial por entregas. Se ve que el faro no se escapa nunca de los tiras y aflojas, y si no que se lo digan a Okuda.

Entrada principal del faro bloqueada

En 1980 se remodela por completo, con una torre circular de casi 11 metros de altura, lo que hace que el plano focal se eleve 71 m. sobre las aguas del cantábrico.

De los 191 faros que jalonan nuestras costas, tan solo 8 están declarados Bien de Interés Cultural, y por tanto protegidos.

Y de repente llegan Revilla y Okuda, y deciden darle una mano de pintura. Y seguimos sin estar seguros si se les fue la mano.

A mi, ya digo que sin entrar en emitir juicios, me suena más a pelea de gallos de corral, que a polémica justificada. La mayor parte de los contendientes han dejado aparte el trasfondo artístico y cultural de la obra, si es que lo tiene, y se han enzarzado en una lucha política, que el supuesto maquillaje de la defensa del patrimonio no consigue ocultar. 

El caso es que la obra ya está terminada. El faro se yergue en lo alto del acantilado, salpicado por 72 colores aplicados a golpe de espray, tal y como dicta el origen grafitero del artista.

El contrato que firmó Okuda estipula que la actuación durará 4 años, prorrogables año a año, durante otros 4 más.

Los primeros días tras la metamorfosis del faro, fueron de locura general. Las visitas se contaron por miles, los medios se volcaron en reflejar la obra, su situación, los pormenores, se hicieron eco de la polémica. Si lo que el presidente pretendía es publicidad, la consiguió a raudales.

Ahora no alcanzo a comprender muy bien como está la cosa. La última vez que fui, aquello aparecía cerrado a cal y canto. En cuanto preguntamos a un paisano, nos dijo que había que acercarse por un camino vecinal, llegar hasta el mismo borde del acantilado, y acceder al recinto del faro por una senda costera. Es lo que hicimos, consiguiendo llegar hasta el mismísimo faro, junto a un enorme tropel de visitantes.El camino es el que lleva a la cueva de La Ojerada, y está indicado.

Una vez ahí, debo reconocer que me pareció espectacular. El día ayudaba, con un cielo gris plomizo esponjado de nubes, y una increíble luz de atardecer, que haría las delicias de cualquier pintor del romanticismo.

La parte del faro que mira a tierra está cuajada de figuras

Pájaros, anclas, entrelazadas con formas geométricas, tintadas de todos los colores del espectro. La cara que vigila, incansable, al impredecible mar Cantábrico, es algo más discreta, con el fuste pintado de blanco con una raya negra horizontal, y alguna que otra filigrana de color subiendo desde la base. Supongo que una solución de conveniencia de última hora, para aplacar las iras de aquellos que aseguran que el faro a colorines, no se vería desde las embarcaciones.

El trabajo de Okuda San Miguel se caracteriza predominantemente por estructuras geométricas y estampados multicolores. Estos a veces se asocian con cuerpos grises, a menudo figuras sin cabeza, símbolos, animales y cabezas gigantes. Los críticos de arte catalogan su estilo como surrealismo pop con una clara influencia callejera del arte urbano, no estando exenta su obra de algunas controversias considerada en ocasiones un “bluf decorativo”.

Polémica sobre Okuda: ¿nueva estrella antisistema o bluf decorativo? : El Confidencial

Además del faro merece la pena dar un buen paseo por el sendero de la costa. Yendo hacía el este nos encontramos con La Ojerada, una cavidad de forma caprichosa creada por el viento y el mar, y más allá la ría de Ajo.

Atardecer faro de ajo
Atardecer visto desde el faro

En resumen; un paseo que, os guste o no el faro pintado por Okuda, es una preciosidad, y os va dejar con un magnífico sabor de boca.

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