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El Dueso, impresiones tras una visita a la cárcel

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Son muchas las impresiones tras una visita a la cárcel de El Dueso

En realidad, las impresiones llegaron antes : Cuando nos ofrecieron la posibilidad de, con un grupo de Cantabria Inusual, visitar la prisión de El Dueso, nos invadió una mezcla de emoción, intriga, algo de temor a lo desconocido…, pero no lo dudamos ni un instante, y dijimos, ¡Sí, por favor!

Nos pareció una oportunidad única de poder ver por dentro aquello que sólo habíamos observado desde lo alto del monte Buciero. Habrá quien piense que había una alta dosis de morbo en ello, pero os puedo asegurar que ni para mí, ni para ninguna de las personas que nos acompañaron, esa fue una motivación. Me atrevería a decir que el factor humano fue el que primó sobre todos los demás.

Una cárcel Inusual

No se trata de una cárcel al uso, de esas que ahora llaman “Modelo”, ni en su estructura edificativa, ni en el trato que se da a los presos.

Lo primero es evidente a simple viste: Se trata de unos edificios construidos a principios del S.XX, sobre los restos de un antiguo fuerte Napoleónico. Desde sus celdas se puede ver la playa, las marismas y el Monte Buciero, una explosión de naturaleza, y no unos altos muros de hormigón y paisajes yermos o de ciudad. Hay algo que lo hace único: “El patio es tan grande que te da una pequeña sensación de libertad, puedes llegar a dar un paseo hasta de un kilómetro, algo impagable cuando estás encarcelado”. No son palabras mías, sino de un preso que lleva muchos años entre esos muros. Ese patio es el más grande de España gracias a sus 90.000 metros cuadrados, nada más y nada menos que nueve campos de fútbol como El Sardinero.

Vista aérea de la cárcel de El Dueso

Lo segundo, además de haberlo oído y leído en más de una ocasión, se percibe en cuanto cruzas sus puertas: se respira libertad. Así como suena, aunque parezca una frivolidad. Bueno; toda la libertad que permite un lugar en el que están confinados aquellos a los que la justicia ha tenido que privar de ella.

Durante el día, las celdas se vacían, y El Dueso se convierte, salvando las distancias, en un pequeño pueblo donde la escuela, el polideportivo, los talleres y las fábricas ocupan el tiempo de los casi 600 reclusos que cumplen condena aquí.

En nuestra visita recorremos la mayoría de las instalaciones: enfermería, consulta médica, consulta odontológica, talleres, panadería, cocinas, cafetería, biblioteca, gimnasio, salas de juego, patio, criadero de patos y zona de adiestramiento de perros, incluso alguna celda mientras sus ocupantes están ausentes. Es reseñable que las celdas pueden ser individuales o compartidas, en función de las características y preferencias de cada preso.

Además, junto al gimnasio está la escuela de Secundaria, Bachillerato y universidad a distancia, donde varios profesores dan clase a aquellos presos que lo deseen. También hay cursos de panadería y cocina de Formación Profesional. Pero lo cierto es, que según nos contaron, lo más complicado de mantener es la estabilidad en la presencia…

La gran mayoría de los internos acuden a la escuela, talleres y a las fábricas donde trabajan para empresas externas que les pagan por hacer placas, piezas neumáticas o llaves automáticas, entre otros. Algunos no salen de la enfermería o siguen programas especiales para maltratadores o drogodependientes. Otros no quieren trabajar ni participar en ninguna actividad y pasan la mañana en el patio.

Nos sorprende que apenas hay funcionarios. Muy pocos realmente. Tan pocos que apenas vemos a una decena de ellos

A la entrada de la galería de los calabozos -una porticada con cierta estética gótica-, se agolpan muchos reclusos: aquí se localizan las cabinas de teléfono, que están agrupadas por letras correspondientes a los apellidos de los internos. Como en la cárcel no está permitido el dinero de curso legal, se utilizan unas tarjetas en la que están guardados diez números de teléfono, los únicos a los que puede llamar. Y con límites. Sólo ocho llamadas a la semana de cinco minutos cada una.

Y llega la hora de la comida: El “rancho puro y duro” que comían hace no muchos años es historia. Ahora los internos de El Dueso pueden elegir entre dos primeros y dos segundos. Con menú especial para vegetarianos y musulmanes. Antes hemos pasado a visitar las cocinas, y nos ha sorprendido el trajín y el buen olor que allí había. Muy amablemente los propios reclusos que trabajan en cocina nos dan a probar todos los platos: patatas con carne, cocido de garbanzos , merluza rebozada, filete a la milanesa… ¡Todo buenísimo! Pero el pan…. el pan un espectáculo, y también lo preparan en la panadería de la prisión, por donde pasamos y dos reclusos nos explicaron todo el funcionamiento.

Es cierto que algo se te remueve dentro cuando, después de hablar con algunos, de ver cómo te cuentan todo con una sonrisa y orgullosos de su trabajo, te enteras de los motivos por los que están ahí, algunos realmente duros. Te hace pensar en la fragilidad de la mente humana, en como la línea entre el bien y el mal muchas veces no coincide con la clasificación de buenas o malas personas… En fin, que pasadas las semanas después de nuestra visita, todavía algo se me “revuelve” cuando lo recuerdo de nuevo.

Por El Dueso han pasado muchos personajes famosos, o incluso tristemente famosos: la prisión de Santoña fue la primera que pisó EL Lute, de la que dijo literalmente: “Ahí se tiene la ilusión de sentirse a ratos libre”.

También pasaron por ella el dramaturgo Antonio Buero Vallejo o el general Sanjurjo. Y todos recordamos el episodio del suicidio en 1988 de Rafi Escobedo, asesino de los marqueses de Urquijo.

Testimonios tras la visita

Os queremos dejar el testimonio de algunas de las personas que nos acompañaron

ANA G

“El Dueso siempre me había inquietado, como el de Ocaña o el del Puerto…tal vez por recuerdos de El Lute.  Cuando eres pequeño, se te quedan grabadas cosas que se quedan ahí para siempre.

Me ha impresionado sobre todo de lo que es capaz el ser humano. Matar, robar, violar…cosas muy tremendas y muy humanas, somos violentos y nunca sabemos cómo vamos a reaccionar si nos ponen en el disparadero, por eso me daba apuro mirar a los internos, me parecía agredirles como personas que son y no animales de un zoo. Cualquiera puede cometer un fallo, hay que comprender y ayudar a que se reinserten de nuevo, entendiendo también que el castigo es merecido.

Pensamientos de todo tipo se te pasan en ese corto paseo que dimos, hay que tener una personalidad muy sólida para trabajar en semejante lugar, lleno de truculencias y de historias trágicas, Carlos me recordó a un sacerdote, al final, las personas que se ocupan de los demás son muy parecidas, sacerdotes, médicos, abogados…tienen que mantener distancia y ser muy equilibrados para poder enderezar al caído.

Dentro de la impresión que te llevas, yo al menos he visto gente extraordinaria ayudando a otros, he visto cariño en esas macetitas puestas en la escalera, humanidad en las pequeñas casas para los patos…no sé, creo que ha sido muy positivo y volvería de nuevo sin dudarlo, muchas gracias, jefes!!!!!!!!!

Una duda legal tengo, a ver si sabéis por qué en los s aeropuertos y trenes te hacen revisiones, incluso de drogas y en la cárcel no se contempla porque la legislación no lo permite…eso me dejó alucinada!!!!!!! “

RAQUEL.

El Dueso desde El Buciero

“¿Por qué la visita a El Dueso ha sido una visita inusual? Porque ha sido mucho más que el recorrido por las instalaciones de un centro penitenciario. Internos y funcionarios nos han dejado mirar tras las cortinas y han compartido con nosotros detalles de su vida cotidiana.

Seré ñoña, pero me ha impresionado pasear junto a ellos por el patio exterior cruzándonos un “buenos días” como si fuéramos vecinos de escalera; tropezar con un octogenario condenado por delitos sexuales, que si hubiera visto en el parque dando pan a las palomas me hubiera inspirado ternura; entrar en las cocinas y encontrar al frente de la faena a una funcionaria, mujer, de apariencia menuda, que trabaja cada día codo a codo con ocho presos para dar de comer a 450, con un resultado, todo sea dicho, muy sabroso; el orgullo con el que Carlos explica su trabajo en la panadería, arreglado de domingo como si fuera a tomar unas rabas a la plaza del pueblo, en lugar de tener un “encuentro familiar” en el pabellón contiguo con su mujer y su hijo de un año, y un futuro de muchos, muchos años de condena por delante; que tragarse unas pilas para evitar un traslado esté más cerca de la anécdota que de un suceso grave; o el afecto y respeto con que los funcionarios hablan de los internos.

Gracias por esta experiencia inusual.”

VICTOR

“Hace 20 años participé con la cofradía de La Merced conduciendo una furgoneta para llevar juguetes a los presos el día de Reyes y tuvieran regalos que entregar a sus hijos; el cambio que he percibido ha sido brutal.

Me ha llamado la atención la “sintonía” que se percibe entre los funcionarios y los internos; aquellos no tienen armas y son respetados.

Las instalaciones son bastante acogedoras, dentro de la situación.

También me ha llamado la atención los conocidos con los que se ha topado algún “inusual” lo que te da idea que los que aquí acaban son personas de nuestro entorno…

Agradecer a todos los que han hecho posible este lujo de visita que ha durado más de 3h y parece que han sido 30 minutos.

Gracias !”

EVA G

“Me llevo estos recuerdos:

El preso que robaba para que comiera su familia, y lo correctos que eran todos

El cocinero de ese conocido restaurante de Santander, el panadero asesino de los 3 sicarios, el que habían tenido que cambiar de módulo, porque creía que el funcionario quería matarle, y entonces él había amenazado de muerte al funcionario. Los chicos jovencísimos que estaban jugando a las cartas. La rapidez con la que, cuando sonó la alarma, Alvaro fue hasta la celda, sin saber lo que pasaba. El preso puede llamar por muchas cosas, desde estar encontrándose mal, al caso del que se trataba, y es que empezaba su turno para trabajar

La amabilidad, entrega y buena actitud de todos los funcionarios de El Dueso, ni una mala cara, todas sonrisas, salvo en el caso del que estaba en la cocina, que es un funcionario de las cárceles modelo, y al que no le hacen ninguna gracia las visitas, y tampoco la relación cercana con los presos

Sobre todo, la pasión con la que hablaba de su trabajo Carlos. Ojala todos los profesionales, y sobre todos los de la admón. del estado, tuvieran la mitad de motivación y entrega que él.”

RAFA L

“En ningún momento por parte de los presos hubo una mala palabra ni un mal gesto hacia esos visitantes dominicales

Es más cuando les saludabas te correspondían agradablemente

El preso del programa de perros de El Dueso, se quiere llevar al labrador a casa cuando salga o que le dejen ir de visita para verle

 Su vida es recuperar a los perros, no le importaría que le pusieran colchón para dormir allí con ellos   El sonido cuando cierran la puerta de la celda

Impresiona”

Yo personalmente quiero dejaros esta historia, que me tocó

“Me quedé con una historia: El chico muy joven, padres separados, madre sin trabajo ni dinero, padre alcohólico. El roba por necesidad, va a la cárcel. Le aligeran la pena para que vaya al instituto a estudiar. No va. Le dan varios toques y sigue sin ir. Vuelve a la cárcel. Se enfada y pide traslado a otra cárcel y el director intenta quitárselo de la cabeza, por la situación en la que va a estar en cualquier otra cárcel”

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