Dícido… cuando oí por primera vez el nombre, mi primer impulso fue rebuscar en mi atrofiada memoria, algún personaje mítico griego que hubiera olvidado. Un titán, un cíclope, el fruto incestuoso de la unión de algún dios de apetitos libidinosos con una pobre mortal, o puede que  un héroe menor, de esos que pasaban por la historia con más pena que gloria. Pero bien pronto me sacaron de mi error, y la sorpresa de lo que descubrí, fue mayúscula.

Y digo sorpresa, porque Dícido es un sitio inusual, de esos que justifican la utilización de este término para definir nuestra región.

Dícido, para que no sigáis eternamente con la duda, es la recoleta playa del pueblo de Mioño, en el término municipal de Castro Urdiales. Por cercanía, la playa ha dado nombre al objeto de nuestra atención, que es un singular cargadero metálico de mineral que, como un animal prehistórico, surge del acantilado.

Vista del cargadero desde su base

La visita al cargadero fue el colofón de una ruta en la que, partiendo de Mioño, recorrimos los vestigios de la explotación del complejo minero de Setares.

Quizás la ruta, en lo que atañe al sendero en sí, no sea una de las más bonitas que hemos hecho, y además algo embrollada, ya que el barro y las zarzas nos la complicaron bastante, pero resultó muy entretenida. Los poblados mineros abandonados de Campoezquerra y Setares, los vestigios de la explotación, la propia mina, y las vistas que tienes desde lo alto, hicieron que el  conjunto del recorrido fuera impresionante.

Y como decía al principio, completamos la ruta, ya que en consonancia era el remate apropiado para comprender todo el entorno, yendo luego a ver el espectacular cargadero de mineral de Dícido.

Su primera construcción, como corresponde a gran parte de las grandes estructuras metálicas del siglo XIX, está ligada a Gustave Eiffel.

El cargadero original, fue diseñado y construído en 1896 por M.T. Seiring, socio del genial ingeniero francés, para la Dícido Iron Ore Company Limited, sociedad que entonces explotaba las minas de hierro de la zona. Es el único que ha sobrevivido a los avatares del tiempo, de los 6 que había en la zona.

Pilar central del cargadero de Dícido

El hierro, ligado a la producción de los altos hornos de Vizcaya, procedía de varias minas cercanas. La explotación de las minas se efectuaba a cielo abierto, y ha dejado enormes cicatrices en la orografía de la zona, con agujeros de más de 200 m. de profundidad, como el correspondiente al yacimiento de El Pocillo.

Inicialmente el mineral se transportaba hasta el mismo Castro Urdiales, cargado en carretas tiradas por bueyes. Para recortar los 5 km. de distancia, se decidió habilitar un punto de carga en Mioño. Al principio, los cestos de mineral se volcaban en gabarras, que lo acercaban hasta barcos más grandes que, por su mayor calado, no podían arribar a la costa. Este primitivo sistema se mejoró con la construcción de un muelle flotante, que un enorme temporal arrasó allá por 1894.

Fue entonces cuando se decidió construir el cargadero de Dícido. Se inspiraron en un cargadero que la competencia, la “Compañía Minera de Setares”, había construído en Saltacaballos. El sistema de construcción se llama cantiléver, y es el único de este tipo que se conserva en España. El ingenio constaba de dos pisos, sustentados por un pilote de piedra. Por el superior llegaban las vagonetas, que descargaban el mineral en los buques, saliendo ya vacías por el piso inferior. El sistema se alimentaba por medio de un tren que transportaba el mineral desde Mioño, a través de un sistema de túneles, alguno de los cuales tenemos que cruzar para llegar hasta el cargadero,

El 13 de marzo de 1937, durante la Guerra Civil, las tropas republicanas volaron el cargadero original.

El gobierno de Franco, necesitado urgentemente del mineral, encargó la reconstrucción a la compañía Basconia y Gortázar Hermanos. El cargadero de Dícido resultante es el que actualmente podemos visitar. Algo más pequeño que el original.

El paso está vedado por medio de unos carteles de advertencia, pero el acceso se realiza sin dificultad, aunque hay que tener precaución, dado el estado de las instalaciones. Instalaciones que, como muchos otros tesoros de nuestra geografía, están pendientes de restauración.

Nosotros aguantamos en sus inmediaciones hasta la puesta del sol, visitando todo el entorno, en el que sobreviven parte de las instalaciones originales, con varios túneles, un depósito de mineral, y un complejo de terrazas, pasos con barandillas y escaleras, que convierten el lugar en un paraje cargado de misterio y belleza.

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